“Mamá, nooo”: la nueva ola migratoria de Trump revive separaciones de niños

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El miedo volvió a instalarse en los pasillos de un aeropuerto en Estados Unidos. Ederson Galicia Alva, de 11 años, acababa de aterrizar en Miami cuando agentes federales apartaron a su madre para interrogarla. Para él no fue un “procedimiento” más: fue el regreso de un trauma que creyó superado.

Ederson ya había vivido lo peor en 2018, cuando con apenas tres años fue separado de su madre en la frontera bajo la política de separación familiar del primer mandato de Donald Trump. Pasó meses en custodia gubernamental hasta que abogados lograron reunirlos. Años después, a pesar de existir protecciones legales para evitar que esa historia se repitiera, madre e hijo fueron separados otra vez.

Una investigación periodística documenta que, ocho años después del escándalo internacional que llevó a frenar aquella política, decenas de niños han vuelto a ser separados de sus familias, pese a existir un acuerdo legal que buscaba impedirlo y mantener unidas a las familias hasta 2031. En algunos casos, los padres permanecen detenidos durante meses; en otros, han sido deportados tras la separación.

La diferencia ahora, señalan abogados y organizaciones que acompañan a las familias, es que muchas separaciones no ocurren en la frontera, sino dentro del propio territorio estadounidense, durante detenciones aceleradas ligadas a la nueva ofensiva migratoria. Esto deja a madres y padres frente a una decisión brutal: ser deportados y separar a sus hijos, o intentar que los menores permanezcan en Estados Unidos sin ellos.

El caso de Ederson: del aula en Florida al regreso forzado a Guatemala

La madre de Ederson, Mirsy Maricela Alva López, había logrado obtener estatus legal derivado de un acuerdo judicial y contaba con permiso de trabajo. Con apoyo de salud mental, su hijo intentaba recuperar estabilidad. Incluso su terapeuta le había dicho que estaba listo para dejar las sesiones semanales.

Dos semanas después, agentes federales detuvieron a Alva López cuando iba rumbo a un trabajo de jardinería en Florida. La familia afirma que no recibió explicación clara ni tuvo oportunidad de defender su estatus antes de ser trasladada por distintas cárceles, entregada a ICE, y finalmente deportada a Guatemala.

La madre logró hablar con sus hijos cuando ya estaba fuera del país. Tomó una decisión desesperada: pidió que los niños viajaran para reunirse con ella. La familia terminó en una comunidad de las tierras altas, en una casa precaria y en un entorno completamente distinto al que tenían en Florida. Ederson, que estudiaba en inglés y tenía un círculo social estable, volvió a experimentar ansiedad, tristeza y miedo por el futuro.

En Guatemala, el menor repitió grado escolar, enfrentó barreras de idioma y se aisló. Cuando se sentía mal, miraba videos de su escuela en Estados Unidos para recordar a sus amigos.

Un regreso ordenado por un juez… y un estatus frágil

Tras casi once meses, un juez federal determinó que el gobierno actuó de forma ilegal y ordenó el regreso de la familia a Florida. Volaron a Miami con documentos de viaje, pero al aterrizar, la madre volvió a ser interrogada, fotografiada y registrada por autoridades migratorias.

Según el reporte, un funcionario le otorgó un permiso humanitario de apenas dos semanas, lo que mantiene a la familia en incertidumbre.

Debate legal y presión política

La administración Trump sostiene que su política migratoria cumple órdenes judiciales y que la aplicación de la ley “no es opcional”. Abogados de derechos civiles, en cambio, advierten que el Estado está replicando el daño que prometió no repetir: familias con protecciones legales terminan detenidas y separadas por operativos acelerados, sin revisión adecuada del estatus.

Mientras tanto, organizaciones alertan que el costo más alto lo pagan los niños: regresan el miedo, las pesadillas y la inestabilidad, incluso en menores que ya habían pasado por procesos de reparación emocional tras las separaciones de 2018.

Para Ederson, el mensaje es simple y brutal: no importa cuántas veces intenten reconstruirse, el riesgo de perder a su madre puede regresar en cualquier momento.

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